Lo que nunca supiste

Como de costumbre, esperaba bajo tu ventana a que aparecieras por el portal, perfectamente arreglada, guapísima, andando elegantemente hacia mí, segura de tí misma, con esa sonrisa que para mi sólo puede significar: tenía ganas de verte y me alegro mucho de encontrarme en el reflejo de tu mirada.

Mientras mi mente bailaba al compás del viento y el sacudir de las flores, pensé en cogerte una y cuando te viera, ponértela tras la oreja despejando el hermoso rostro del que me enamoré hace tanto ya.

Busqué la más bonita de ellas, y cuando la encontré, te vi en su delicada constitución, en el polen de sus estambres, en las delgadas líneas de sus pétalos… entonces, llegué a la conclusión de que si te gusta una flor, la cogerás, pero si verdaderamente amas su esencia y su estar en el mundo, la dejarás y contemplarás su arrebatadora belleza.

Sonriendo, la acaricié con el dorso de los dedos, y al darme la vuelta, ahí estabas tu, con esa sonrisa…

– ¿Qué haces? -. Me preguntaste.

– Pensarte -.

Tu alegre mueca de extrañeza me conmovió, te atraje hacia mí, te besé, y cogidos de la mano, comenzamos a andar dejando atrás este pensamiento para el que venga después.

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POR MAL CAMINO XII

Yo no he visto nunca un niño

tan rebelde como Jaime:

siempre que iba de visita

de la mano de su madre,

tales eran sus enredos

y sus juegos eran tales,

y sus bromas tan pesadas

y tan necios sus afanes,

que jamás quedaba a gusto

ni con nada ni con nadie.

  • Pero, chico- le decían

Doña Petra y doña Carmen-,

otros niños son callados,

son juiciosos y formales:

¿Por qué tú  no los imitas?

pero el chico, sin turbarse,

coge al gato por el rabo,

sin temor de que le arañe,

y le obligará a hacer piruetas

y otras mil habilidades,

que para esto nunca el “mozo”

corto ha sido ni cobarde,

y convierte los armarios

en tambores y timbales,

y no deja en paz un punto

los boliches de los catres,

y ora cuelga de su cinto,

la badila, como un sable,

ya del mango de una escoba

su “brioso” caballo hace,

y con sillas y con muebles

juega al toro y forma baile,

y en la casa que el frecuenta

no hay quien viva ni hay quien pare,

ni hay ninguno que no le huya,

ni hay ninguno que no escape:

los mayores y los chicos,

y los gatos y los canes,

pues con él cosa segura

no queda en ninguna parte;

ni cabezas ni ventanas,

ni balcones ni cristales,

que con palos y con piedras

él no rompa en un instante.

Y por estas travesuras,

y por estas malas artes,

con frecuencia ganar suele

las palizas de su padre.

Sabed, niños, que hoy abundan

los muchachos como Jaime,

y sabed que tan traviesos,

tan indóciles rapaces,

según van creciendo en años

también crecen en maldades,

y al igual que ocurrió un día

al chico de mi romance,

si les falta al fin y al cabo

quien les dome y quien les ate,

por muy bien que se las hayan,

ya más pronto, ya más tarde,

dan, sin que haya quien lo evite,

con sus huesos en la cárcel,

mientras que al muchacho dócil

mientras que al muchacho amable,

no hay ninguno que no estime

ni hay ninguno que no ame.

Enteógenos y sus usos a lo largo de la historia. Parte 4

Edad Moderna

Durante esta etapa, en Europa sucedió la caza de brujas, de esta etapa llegan hasta nuestros días los mitos y cuentos sobre brujas y lamias, en España concretamente, aún perviven en bocas de los más ancianos, historias sobre meigas (llamadas así en Galicia) y Sorguiñas (en País Vasco), que nos describen a una bruja como una mujer vieja, con sombrero picudo, despeinada y volando montada sobre una escoba. En realidad, esta imagen deriva del uso de la magia sexual y de plantas alucinógenas del anillo de tropano (Como la mandrágora y la belladona) por la brujería medieval. Esta imagen mítica tiene un trasfondo simbólico sumamente interesante que oculta un profundo conocimiento farmacológico y una tradición esotérica que generalmente pasa desapercibida en un análisis superficial de la brujería como una mera superstición.

Numerosos cronistas hablan del famoso ungüento para volar de las brujas. Según Johann Weyer (1515–1588) esta cocción brujeril tenía como ingrediente principal el beleño negro (una planta que contiene hioscamina, al igual que la datura) y la belladona (atropina). Cuando la preparación era aplicada en los muslos y en los genitales inducía la sensación de volar. Se creía que las brujas volaban para encontrarse con el diablo y tener comercio carnal.

 

 

 

 

 

Ya que la sexualidad orgiástica llevada a cabo por el aquelarre (del vasco Akerra “macho cabrío”, usualmente negro, una figura de sexualidad y falicidad masculina al servicio de Mari y sus brujas, sobra decir que en el cristianismo, esta imagen representa al diablo) era vista como la marca del diablo por la Iglesia Católica, la cual creía que las brujas mantenían relaciones con él, por eso, no es de extrañar, que aparte del hecho de adorar a falsos dioses, fuera por esto por lo que la brujería fue condenada a su extinción.Esto nos lleva al simbolismo de la escoba, ya que es muy poco probable que un palo sirva como nave voladora. Algunas tradiciones sugieren que las brujas untaban el ungüento (“diabólico”) en estos palos y se masturbaban con él para absorber las sustancias psicoactivas (mandrágora, beleño negro, belladona) por la mucosa (la vagina es un medio muy efectivo de ingestión farmacológica). Por otra parte existe la posibilidad de que estos “palos” hayan sido troncos de árboles sagrados, usados como símbolos del axis mundi (esta práctica se difundió mucho entre los druidas). Tradicionalmente el axis mundi es el centro simbólico del mundo que une las dimensiones superiores con las inferiores, una especie de eje cósmico, pero también es representado como una escalera que permite ascender a las regiones del espíritu (el vuelo simboliza este ascenso espiritual o astral). En este sentido el palo de escoba, báculo o falo, es lo que le  permite a una bruja unir ambos mundos (simboliza el matrimonio sagrado que hay entre la Madre Tierra, llamada en la mitología vasca Mari, diosa de la vida y la muerte, y el Padre Cielo, subyugado a Mari, de dicho matrimonio, por cierto matriarcal, nacieron dos hijas, el Sol y la Luna, ambos astros femeninos) y volar (en el éxtasis de la cópula que desprende su cuerpo, permitiéndola así estar flotando entre ambas realidades).

En el año 1492, el continente americano (“las Indias”) fue descubierto por Cristóbal Colón, y aunque registros arqueológicos hallados en el actual Canadá, demuestran que ya había sido descubierto por otras tribus vikingas, éstas nunca volvieron para contarlo. Durante la conquista española, se establecieron regímenes virreinales y coloniales muy poderosos que conllevaron la asimilación cultural de la mayor parte de poblaciones indígenas (religión, lengua, etc.) y su sometimiento a las leyes de las potencias conquistadoras. Además, en el intento por cristianizar todo el continente, miles y miles de textos y códices fueron eliminados, por lo que no existen, o no se han encontrado por lo menos, textos más antiguos de esta época, que prueben un uso antiguo de enteógenos tan conocimos como la Ayahuasca, el Peyote o la Salvia Divinorum, sin embargo, de los dos primeros, aunque no se sepa su origen, se dice que se han usado durante miles de años, pues su uso es ritual, y el conocimiento se ha transmitido de chamán en chamán. El origen del uso de la Salvia Divinorum se encuentra en debate, pues es posible que pasara desapercibida, o así se piensa, debido a la falta de pruebas.

La ayahuasca es una bebida utilizada por los pueblos indígenas amazónicos. Sus culturas y tradiciones entenderán la ayahuasca a partir del paradigma tradicional de salud propio de estos pueblos. Los efectos de su ingesta promueven el acceso a estados modificados de conciencia en los que se suceden visiones, emociones diversas y procesos de catarsis a los que las tradiciones amazónicas reconocen un valor potencialmente sanador. También se reconocerá a su ingesta un valor potencialmente iniciático ya que la experiencia de ayahuasca facilitaría la toma de conciencia de la trama oculta del mundo referida al pan-animismo propio de estas culturas. Su uso exigiría, según estas tradiciones, un contexto de toma ritualizado y formalizado además de alguien capacitado en su uso -el hombre-medicina-. Este hombre-medicina estaría vinculado a una tradición de uso y a un linaje tradicional de hombres-medicina que le habría reconocido esa capacidad tras un proceso de formación específica. En quechua ayahuasca significa “soga de los espiritus” por su etimología aya “espíritu, muerto” y waska “soga, cuerda”, ya que en la cosmovisión de los pueblos nativos el ayahuasca es la soga que permite que el espíritu salga del cuerpo sin que este muera.

Los Jesuitas que viajaron por el Amazonas fueron los primeros europeos en mencionar la Ayahuasca y en un informe que data de 1737, se describe como una poción embriagadora que es ingerida para ponerse en contacto con los dioses y otros fines, y que tiene el potencial de desconectar a uno de todos sus sentidos y a veces, hasta de su vida. Otros exploradores también se refirieron a la Ayahuasca, Yagé y Caapi, pero no mencionaban más detalles.

Se piensa que desde la antigüedad, antes de que los europeos llegaran a la región de Mesoamérica, el peyote ya era utilizado y reverenciado por tribus nativas, tales como los mexicas, los huicholes del norte de México, y los navajos del suroeste de Estados Unidos, como parte de su espiritualidad tradicional. Pero no se ha encontrado escrito alguno que lo pruebe. La primera referencia histórica de los europeos fue hecha por un misionero: el monje franciscano Bernardino de Sahagún , quien en 1560 escribió sobre los efectos alucinógenos que producía su ingestión. En este trabajo escribió que los chichimecas fueron los primeros en descubrir y usar el peyote:

“Ay otra yerva que se llama peiotl… hazese hazia la parte del norte: los que la comen o beben ven visiones espantosas o de risas, dura este emborrachamiento dos o tres días y después se quita. Es como un manjar de los chichimecas que los mantiene y da ánimo para pelear y no tener miedo, ni sed ni hambre y dicen que los guarda de todo peligro.” Franciscano fray Bernardino de Sahagún, 1560.

Salvia divinorum, es una planta herbácea perenne originaria de México. En Occidente, se habló por primera vez de Salvia divinorum, llamada también “ska pastora”, en 1939, cuando un antropólogo mencionó la existencia de una infusión de esta hierba, de características visionarias, usada por los chamanes para la adivinación en algunos pueblos maya. En 1962 fueron llevadas muestras a Europa, por Wasson, identificándose así la nueva especie, un miembro muy raro de la familia de las salvias o las mentas cultivada por el pueblo de los mazatecos. Posteriores investigaciones dieron a conocer su utilidad ritual y terapéutica. Se sabe de su uso gracias de María Sabina, una curandera del remoto pueblo de Huautla de Jiménez, en el sur de Oaxaca. Ella afirmó que cuando no tenía setas (utiliza Amanitas y Psilocybe según el caso a tratar), también hacía uso de la Salvia, que aunque con menor potencia que las setas, también tienen propiedades enteogénicas.

“Colilla”

COLILLA XIII

 

Las gentes por apodo

pusiéronle “Colilla”,

y era el más refinado

granuja de la villa.

Dicen que en un instante

robaba sin recelos

monedas y alfileres,

relojes y pañuelos.

Y aunque “Colilla preso”

pasar meses solía,

era, en vez de enmendarse,

más pillo cada día.

Robó una vez diez duros,

salió bien, y ligero

compróse un decimito,

de Navidad, entero.

¡Lo que pensó, Dios mío!

Qué de locas mudanzas,

de dulces ilusiones,

de bellas esperanzas;

hasta que llegó el día,

se celebró el sorteo

y el chico vió asustado

cumplido su deseo.

Sus padres al instante,

compráronle otra ropa,

y así vivieron años,

marchando viento en popa.

Cambió su trato burdo,

por un trato más fino;

consiguió con dinero

ser socio del Casino.

Pero aunque así se daba

para engañar mil modos,

siempre era, sin embargo,

visto muy mal por todos.

Y es que cambió de traje,

de botas y sombrero,

pero conservó siempre,

su fama de ratero.

Enteógenos y sus usos a lo largo de la historia. Parte 3

Edad media

Durante la Edad Media, con respecto a la época pasada, apenas hay indicios del uso de enteógenos en lo que se refiere a Europa. Esto es debido principalmente, a que el cristianismo se ha impuesto como única religión oficial en todo el continente, fue un largo proceso que comenzó en la Edad Antigua con la legalización de las prácticas cristianas por parte del emperador romano Constantino en el Edicto de Milán (313 d.C.) y la posterior conversión del cristianismo en religión oficial del imperio con Teodosio con El Edicto de Tesalónica (380 d.C.). Mientras, la persecución a los paganos comenzaba tímidamente pero sin freno, durante estos 70 años el cristianismo fue arrinconando legalmente al paganismo, destruyendo sus templos y eliminando su financiación ante la indiferencia del Estado (cuando los emperadores romanos convierten el cristianismo en religión oficial en el siglo IV, los herejes empiezan a considerarse enemigos del Estado), aunque teóricamente había libertad de culto. Así comenzó el desprestigio, la lucha abierta y el intento de erradicación de hábitos y rituales paganos, borrando toda huella histórica que hiciera alusiones a dichas costumbres y sumiéndolo en el más profundo olvido. Este movimiento alcanzaría su máxima expresión con la creación de la Santa Inquisición, la única entidad pública existente, aparte de la corona real, dedicada única y exclusivamente a la supresión de la herejía, en la era medieval europea muchas veces se castigaba con la pena de muerte y torturas de lo más sádicas.

Con tales medidas, el paganismo fue abolido completamente de las ciudades, aunque pervivieron, bajo máscara cristiana, símbolos e imágenes de los hongos antiguamente venerados, en cuadros, frescos, cristaleras, etc. Por otro lado, la aplicación de las leyes en el ámbito rural, siempre fue, hasta la actualidad, muy dificultosa, por tanto, sería aquí donde sobreviviría el uso de enteógenos en Europa, principalmente por parte de antiguas hechiceras aún familiarizadas con el conocimiento tradicional del entorno vegetal que les rodeaba. Sin embargo, poco tardarían en desaparecer estos últimos reductos de veneración religiosa por la Madre Tierra y todas sus criaturas, ya que a la par que la Inquisición cumplía su parte mediante el uso del terror, nacía de él, el miedo en la población, que tomaría parte voluntariamente en la erradicación de todo culto antiguo, con la conocida “Caza de Brujas”.

Por supuesto, habría excepciones, ya que en un hecho social de esta envergadura, es imposible un consenso de opinión, y hubo personas sensatas que, aunque conformes en líneas generales, vieron en la forma que se estaba llevando a cabo la expansión de la religión única, un baño de sangre, y quisieron salvar ciertas tradiciones antiguas relacionadas con cultos que no eran “exactamente cristianos”, es el caso del primer director de la Inquisición de Hungría, Paulus Hungarus, quien defendió a los chamanes paganos húngaros valiéndose de su influencia con el Papa Inocencio III, asegurando que éstos, al adorar al sol, adoraban al ente supremo que era el mismo Dios, así que no hallaba razón para condenarlos.

Al otro lado del globo terráqueo, América “aún no existía”, por lo que se conserva una inmensa cantidad de material que pone de manifiesto todo el culto del cual los hongos eran susceptibles.

Veo lógico comenzar por el uso de enteógenos en la cultura maya en Mesoamérica, ya que cronológicamente, las evidencias encontradas se hallan en medio de la Edad Antigua y la Edad Media, para referirse cronológicamente a esta cultura, no caben las divisiones de Edad Antigua y Edad Media, allí se han tomado otras fechas para establecer una división de épocas: un periodo Preclásico (2000 a.C. – 250 d.C.), Clásico (250 d.C. – 900 d.C.), Posclásico (950 – 1539) y Toma de contacto y conquista española (1539 –  1697). Los hongos de piedra son esculturas elaboradas en piedra volcánica o algunas veces en arenisca, que se han encontrado con cierta frecuencia en Mesoamérica en la región sur del área Maya. Se conocen cerca de 300 hongos de piedra, que se encuentran depositados en colecciones privadas y en museos de Guatemala, Zurich, Gotemburgo, Viena, Londres, Berlín, Munich y Nueva York, según Wasson, los hongos de piedra fueron tallados varios siglos antes de la llegada de Hernán Cortés. Morfológicamente los hongos de piedra recuerdan a una seta, debido a que su parte superior tiene forma de media esfera (parece el sombrero) y se encuentra apoyada en una estructura cilíndrica (que parece el pie). El pie puede ser liso o tener algún relieve que representa animales o personas. Los animales que figuran en las piedras-hongo se interpretan como el jaguar, el coyote, el perro, el pizote, el mono araña y el mono saraguato, el venado, el conejo de Virginia, la rana y el sapo (Bufo marinus).

Los primeros arqueólogos en interpretar estas curiosas esculturas las interpretaron como símbolos fálicos, aunque rápidamente se desechó esta hipótesis, porque los falos se han representado de modo distinto en la cultura maya y posteriormente se planteó que pudieran ser asientos, cosa poco probable dado su pequeño tamaño. La teoría más atractiva (defendida entre otros por Borhegyi, Lowy y especialmente Wasson) es la que relaciona a los hongos de piedra con el consumo ritual de hongos enteógenos. Uno de los hongos de piedra más sorprendentes es el que pertenece a la colección Namuth de Nueva York. La figura representa a una muchacha arrodillada (que se interpreta como una virgen) inclinándose frente a una especie de mortero rectangular plano llamado metate, en el que estaría moliendo hongos. R.G. Wasson y R. Ravicz descubrieron en el verano de 1960, entre los mixtecos del estado de Oaxaca en México que el metate era usado por niñas vírgenes para machacar hongos frescos (Psilocybe Cubensis) y el jugo resultante era mezclado con agua y bebido durante las veladas que se celebraban con los hongos mágicos, lo que corroboraría su hipótesis. Dos de los hongos de piedra de la colección Notthebohm (recogidos en Chimaltenango, Guatemala) muestran a un humano cabeza abajo, que parece estar en trance y podría estar representando un éxtasis alucinógeno. En un documento Maya llamado “El Título de Totonicapán” traducido en 1834 y que es considerado de gran valor etnológico, se habla de unos hombres religiosos conocidos como naguales y de ellos se comenta que entre su parafernalia “se menciona esas piedras de hongo que pueden ser talismanes que aluden al uso ritual de los hongos y recuerdan las esculturas halladas en el área” (DE LA GARZA, 1987). Las estatuas hongo mostradas más arriba han sido datadas del periodo Preclásico (1000 a.C. – 200 d.C.) y fueron encontradas en el yacimiento arqueológico de Kaminaljuyú en las afueras de la ciudad de Guatemala, ésta  en concreto es posterior, Clásico temprano (200 d.C. – 600 d.C.).

Ésta última imagen pertenece a la página 24 del Códice Vindobonensis, en la que se representa como reciben las setas (los mayas las llamaban también flores) del dios Xochipilli (“Príncipe de las Flores”). Queda claro que los mayas (y aztecas, que compartían mitología con nombres diferentes) tenían una relación sacramental con los hongos, ni más ni menos que un regalo de un dios, para usarlo como puente entre ambos mundos, por eso llamaron a estos hongos “Carne de los dioses”. Por último, cabe decir que los descendientes de los mayas continúan usando en la actualidad drogas enteogénicas.

Los atacameños o atacamas, en su idioma, los kunza, son una etnia indígena que habitó en el interior del desierto de Atacama (norte de Chile y Argentina y sur de Bolivia), en torno al curso del río Loa hasta Copiapó. Del “segundo periodo” atacameño (900-1200), se ha encontrado en la región andina un conjunto de tablillas, de una alfarería negra pulida, con figuras esculpidas de hombres, cóndores y felinos y el uso del tembetá (palabra de origen guaraní, significa adorno labial), estas tablillas se usaban en rituales y ceremonias para aspirar/inhalar enteógenos, principalmente el Cebil y cacto San Pedro (“Echinopsis pachanoi” un alto contenido en mescalina, una potente sustancia enteógena que comparte con el peyote), mediante una bombilla de madera o hueso. Únicamente se podían consumir en muy específicas situaciones, por ejemplo cuando un chamán debía intentar hacer una adivinación poniéndose en contacto con los dioses, era un acercamiento mediante la exaltación y estimulación, era la apropiación de quién inhalaba del poder de aves, felinos y serpientes.

 

También los taínos en el Caribe precolombino se valían durante el rito de la cohoba, del uso de una sustancia psicoactiva derivada del tamarindo macho y de una mezcla de caracoles. Este ritual es muy similar al practicado por grupos indígenas de la selva de Venezuela, donde esta sustancia se conoce como Cebil o Yopo.

En la cultura Quimbaya (900-1200) de la Columbia Andina, encontramos otra estatuilla labrada en oro y cobre, que simboliza una celebración de un ritual con hongos de Cubensis Stropharia o Psilocybe Cubensis.

En lo concerniente a Europa, ya hemos explicado como el cristianismo, en su inexorable expansión, puso en peligro de extinción, los conocimientos que se tenían sobre los enteógenos, debido a que iban asociados con prácticas heréticas, con las nefastas consecuencias que conllevó dicha pérdida de conocimiento. Por ejemplo, durante esta etapa, hubo en Europa extrañas epidemias (Ergotismus Convulsivus; caracterizado por síntomas epileptiformes y convulsiones nerviosas, y el Ergotismus Gangraenosus; aparecían manifestaciones gangrenosas que causaban la momificación de las extremidades) provocadas por la ingesta de pan elaborado con centeno contaminado por cepas tóxicas del cornezuelo, en que millares de personas perdieron la vida. La causa de dichas epidemias se descubrió apenas en el S. XVII, a partir de entonces, los brotes por envenenamiento por el cornezuelo del centeno han sido solo esporádicos. Cuántas vidas hubieran podido salvarse, si no se hubiera destruido el legado de los Misterios Eleusinos… Sea como fuere, la relación entre el cristianismo y los enteógenos nunca ha llegado a desaparecer por completo, de hecho, la relación entre ambos podría ser más fuerte de lo que parece.

En el Indre y cerca de Vienne, (centro de Francia), en la capilla de Plaincourault, encontramos el fresco de La Tentación, con referencias que datan del año 1184, la capilla fue erigida y pintada por los Caballeros de la Orden de Malta al regreso de las Cruzadas. En él es posible reconocer las figuras de Adán, de Eva y, en el centro, un el árbol del conocimiento (“árbol-hongo”), con una serpiente enrollada a su alrededor ofreciendo el fruto prohibido a Eva. A principios de este siglo, un micólogo francés constató que este árbol se trataba de una representación de una Amanita Muscaria y, mirando detenidamente el árbol-hongo de Plaincourault podemos observar los siguientes detalles: 1) la copa del árbol es semejante al sombrero de un hongo, con diversas pequeñas manchas blancas pintadas en ella; 2) dos líneas juntan las extremidades inferiores del sombrero con el tronco del árbol (estas líneas podrían representar perfectamente la membrana de los hongos amanitáceos); 3) el fruto redondo, en este caso agarrado por la serpiente; 4) algunas protuberancias semejantes a hongos salen del tronco y de su base.

En Túnez encontramos un tipo diferente de árbol-hongo en un mosaico procedente de henchir Ounaissia, fechado entre los siglos VI-VII, actualmente se conserva en el museo de Sbeitla. En este mosaico, vemos, con alguna diferencia, el mismo tipo de esquema iconográfico que veíamos en el mosaico cartaginés, dos animales enfrentados y entre ellos el árbol de la vida, un árbol-hongo.

Solamente a nueve kilómetros de distancia de Plaincourault, en el fresco de la abadía de Saint-Savin-sur-Gertempe, encontramos otra representación similar. Este fresco se encuentra entre los más afamados del arte románico francés y está fechado en torno al año 1100. En él se reconoce la escena del cuarto día de la creación, y en ella vemos a Dios que coloca la luna y el sol en el firmamento, en presencia de dos árboles que difícilmente tienen tan sólo un valor decorativo. En la misma figura se puede observar una parte, bastante deteriorada, que se refiere al tercer día de la creación -el día en que Dios creó los vegetales-y hay dos árboles del mismo tipo de los anteriores, entre los cuales vemos otro árbol-hongo, cuyo sombrero tiene unas “estrías” caen hacia abajo, estas formas recuerdan bastante a los ornamentos que presenta el final del sombrero de la seta Paneolus, una especie más del ya mencionado hongo enteógeno Psilocybe.

También en Francia central, en la pequeña iglesia de Vic, podemos encontrar unos magníficos frescos que datan del S. XII, en los que también se puede apreciar un árbol-hongo. En la parte superior de la pared derecha del coro, se encuentra la escena de la entrada de Cristo a Jerusalén. Cristo está montado en un asno y algunas personas lo reciben desplegando sobre la tierra sus capas, mientras otras, aferradas a árboles de palma, cogen hojas o flores y las ofrecen a Cristo. Los árboles, en particular los que se encuentran a la derecha de Cristo, tienen una forma estilizada de palma, líneas conocidas y de amplia difusión. Lo insólito es la parte superior del otro árbol.

De una pintura de la iglesia de San Miguel, en Hildesheim, Alemania, que data del año 1192, se puede ver a Adán y Eva con la serpiente en el árbol del conocimiento. La foto, tomada por Allegro, encierra un secreto, que aun sin estar oculto, pasa desapercibido. Aquí ya no encontramos ningún tipo de árbol-hongo, sin embargo, se puede ver muy claramente, que la escena se halla superpuesta sobre el sombrero de una Amanita Muscaria.

Son tantísimas las evidencias que se pueden encontrar, de hongos enteógenos en representaciones de la creación del hombre y de la vida, que ha llevado a autores a pensar (Allegro), que el origen del cristianismo se halla en realidad en un culto antiquísimo de los hongos, que se remonta a los primeros tiempos del hombre habitando sobre la tierra. Terrence McKenna entre otros, apunta las similitudes del maná bíblico que cultivaron las tribus de Israel, con un hongo Psilocybe:

“Y cuando el rocío que se había ido a sentar, he aquí, sobre la faz de la naturaleza existe establecer una pequeña cosa redonda, tan pequeño como el Hoar, heladas sobre el terreno. Y cuando los hijos de Israel se vieron, dijeron uno a otro, es el maná: porque ellos no sabían lo que era. Y Moisés les dijo: Este es el pan que el Señor ha dado de comer.” Libro del Éxodo 16:14

Esta teoría continúa siendo muy controvertida, y está lejos de ser aceptada por la opinión general, sin embargo, es interesante, después de todo lo tratado, hacer una reflexión sobre si podría ser cierta, como hemos visto, no sería la única religión en la que, o bien se adora al hongo en sí mismo (Soma), o bien ha sido el alimento otorgado por los dioses para comunicarnos con ellos, adorar y admirar su creación y visitar otros planos aparte del mundo físico que dominamos.

Para terminar, nombraré el fenómeno de las brujas y sus pociones, o “ungüentos de brujas” que explicaré en el siguiente apartado, éstos probablemente, fueran los últimos enteógenos utilizados en un contexto ritual sagrado en Europa. La creencia en magos, hechiceras y brujos ha existido siempre, y ha sido global a lo largo de la historia, pudiéndose documentar su creencia en las grandes culturas del pasado, las artes mágicas se observaban de cerca y a menudo se temía la magia negra, pero mayoritariamente, eran personas sabias con amplios conocimientos acerca del medio natural y del mundo de los espíritus, que utilizaban la magia (blanca) para hacer el bien. Tanto en el Código de Hammurabi (la prueba del agua) de Babilonia como en el Antiguo Egipto se castigaba a los magos. Sin embargo, nunca llegó a una persecución masiva de presuntas brujas, como se realizaría más tarde, a comienzos de la Edad Moderna. La creencia general de que fue la Iglesia la principal culpable de llevar a cabo estas persecuciones es errónea, se suele confundir con la persecución del paganismo, no obstante, aunque el Tribunal de la Inquisición no prendiera fuego a las pilas directamente, sí que tomó un papel importantísimo en la regulación y legislación de dichas prácticas, además de participar activamente en generar el clima de violencia y paranoia misógina que apareció en Europa en esa época. Al comienzo la caza de brujas fue dirigida por los tribunales eclesiásticos, es decir, los jueces inquisidores, pero en el siglo XVI estos son reemplazados por los tribunales laicos, o sea, los jueces civiles. La persecución (activa y legal) se extendería entre los años 1450 y 1750. El número total de víctimas de la caza de brujas no puede ser establecido de modo completamente fiable, debido a que una gran cantidad de actas de juicios se han perdido y muchos procesos no se registraron nunca de forma oficial.

Los cálculos de la cantidad de mujeres quemadas por brujas varían de 60.000 a dos y cinco millones, según los distintos autores.

La cara que ocultas

Aguas “subterráneas” en algún lugar entre Álava y Burgos…

 

Remanso de paz, respira mi alma y encuentra calma en el murmullo de tus aguas,

Y aunque tu destino sea pasar desapercibido, en la oscuridad de lo subterráneo…

Afloras, naces y llegas a lo más alto tan sólo por un brevísimo periodo, en un tramo tan corto, que el inconsciente, el agitado, aquel que no tenga el don de la visión, jamás se imaginará tu hermoso recorrido…

No, yo no te amo por aquello que me muestras, bello, hermoso, exhuberante, magnífico. No amo tu momento más álgido, aquello por lo que otros te aman y se quedan embelesados mirándote…

Te amo precisamente por aquello que ocultas, aquello de lo que únicamente cobras consciencia de que existe cuando miras más allá, y profundizas en su espíritu… Te amo sobre todo por tu oscuridad, tu vasto misterio, tus momentos más bajos en los que, sin pretensiones, sin expectativas, continúas tu incansable avance hacia la inmensidad del ser tú mismo.

Te amo por cómo eres, cuando no eres para nadie.

Cuando sólo quedan los que han de quedar…

En mi pueblo, cada primera luna nueva de febrero, se celebra por la noche, bajo mil millones de brillantes diamantes en el cielo, un gran un festín donde no faltan ni el cerdo ni el anís, y entre risas y bailes, de igual a igual, celebran la vida ancianos y niños, mujeres y hombres, ateos y frailes.

Cuentan los ancianos sus historias, llamando a la gente al calor del fuego, ebrios y riueños, no dejan para luego, sus apasionantes andaduras. Y mientras la tradición llega a su apogeo, por el alochol y el calor del fuego, poco a poco caen sus voluminosas vestiduras al helado suelo.

Cuando la hoguera pierde fuerza, y la oscuridad es total, los impresionables críos, quejumbrosos se retiran a soñar… y cuando ya no quedan más que aquellos, que los que han de quedar, con los pies al desnudo y los zapatos y bolsas en mano, se echan a andar.

“¡Qué suerte de infortunio! ¡Qué frío! ¡Qué innecesario sufrimiento a esa edad!”

Cuenta la leyenda, que aquellos que aman la vida y aman la muerte por igual, aquellos que de verdad amen esta maravillosa misma senda, han de quitarse las prendas y dejarlas al amparo de la noche en señal de ofrenda.

Qué magnífica metáfora de la existencia, qué bella contradicción la conjunción del calor del amor y el gélido exterior, qué ironía que llegemos a este mundo sin tenencias, mas por tenerlas, sudemos y nos hagamos sufrir, para que cuando llegue el momento, sin ellas nos tengamos que partir.

En esta solemne y lenta marcha, la nieve, con la suavidad de una caricia desapercibida, los negros tejados mancha. Pronto, el baho deja de surgir de los arugados pies de los ancianos, símbolo de la evaporación de sus mundanos miedos, preocupaciones y deseos que tanto sudor les ha costado.

Descalzos, como abandonando su apego por lo que el tiempo deshace, dejan al abrigo de lo desconocido y lo incierto, sobre una mesa, aquello que no tendrán cuando estén muertos, aquello que les pesa. Y con el primer paso de vuelta a sus catres, dan su primer paso hacia otro mundo, y libres de cargas, de un sueño profundo nacen.

Supongo que fue, lo que para tí siempre quise, vivir juntos un momento de consciencia sobre lo bello que fue, quedarse para irse.