Un banco en el que sentarnos de viejos

Rascafría, Comunidad de Madrid

¿Cómo saber si ella o él será tu pareja de por vida?

No es fácil tener una respuesta a esta cuestión, y menos en los tiempos que corren, en los que lo perecedero es omnipresente, y lo fijo, estoico e inmutable, realidad de una época pasada condenada hoy al absoluto fracaso. Porque seamos realistas, ¿Negarnos la posibilidad al cambio? ¿A lo nuevo?, no parece propio de alguien inteligente aferrarse de por vida a una idea, producto de unas circunstancias concretas, si sabemos que tales circunstancias pueden cambiar radicalmente en apenas un segundo.

Ya Zygmunt Bauman nos habla en “Vida líquida” (libro que recomiendo encarecidamente dicho sea de paso) acerca de esta cuestión: la volatilidad, la liquidez, es la quintaesencia de nuestro tiempo (al menos en las sociedades occidentales y occidentalizadas). Toda realidad se muestra mutable si es observada desde diferentes perspectivas, y las relaciones de pareja no son una excepción. No obstante, ¿hemos de vivir en este medio inestable, cambiante y turbulento cuanto menos? Bueno, yo no tengo la respuesta a esa pregunta, pero sí una experiencia de vida en la que me cuestiono cómo he de vivir… La respuesta es siempre: acorde a mis principios, a mis creencias, virtuosamente (en la medida de lo posible, pues fallarse es humano). Mis creencias y principios pueden cambiar acorde a mis circunstancias de vida y aprendizaje, mas no puedo permitirme esa liquidez en mis actos… Cada uno ha de seguir su camino y en él encontrará la sabiduría, pero por si acaso mis palabras pudieren ayudar a alguien en su camino, me gustaría alertarles acerca de los peligros de salud que conlleva buscar adaptarse a una sociedad enferma.

Adaptarse a esta liquidez vital que todo espacio llena, nos lleva a una pérdida de horizontes, a un atontamiento producido por la carencia de metas, valores o principios que regulen nuestros actos, o cuanto menos, en la lucha por cumplir metas vacías que poco o nada te aportan a largo plazo.

En el caso que nos ocupa, quizás la clave para hallar la respuesta a esta pregunta, sea hacernos una pregunta diferente. No sabemos qué será de nosotros en el futuro, tan sólo contamos con lo aprendido en el pasado y con un emocionante presente que se nos escapa con cada respiración. Quizás la pregunta sea: ¿Es con quien quieres compartir tu vida ahora? Ahí lo tienes.

Sí… sé que no es tan fácil, y que el ahora es tan volátil como Bauman propone, si a cada cambio de situación con tu pareja te haces estas preguntas, habrá momentos en que digas un rotundo “Sí”, igual que habrá momentos en que la respuesta sea un rotundo “No”.

¿Y si pasado, presente y futuro no fueran más que simples estados de conciencia en los que nos situamos? Qué es el pasado sino memoria, o el futuro sino imaginación… qué es el ahora, sino consciencia de la presencia. Así pues, el tiempo, concebido como un continuum moldeable, se pone a nuestro servicio. ¿Qué hay más líquido del tiempo? Se estira hasta el infinito cuando ansiamos que llegue la hora de salir de clase, del trabajo, se contrae insospechadamente durando lo que dura un suspiro cuando disfrutas y estás a gusto allí donde estás, sin desear hacer otra cosa… viaja a través de ti, te devuelve a la infancia, te lleva a la vejez… ¿Acaso no conocéis ningún niño con 40 años, ningún viejo con 10?

Adquirir dominio sobre el tiempo nos permite tomar mejores decisiones, pero no el tiempo que marca el reloj, no el tiempo lineal que nos han inculcado, el tiempo de vida, el único tiempo con el que realmente contamos. Al final todo es cuestión de ritmo y movimiento… las palabras no convencen, no sirven, si creías que te iba a contar algo interesante, o algo que pudiera servirte, temo desengañarte… Si quieres saber si es ella o él la definitiva/o, sólo has de sentir su ritmo, y ver si encaja contigo.

¿Que cómo sé yo que ella será mi pareja de por vida?

Porque en ese instante, bailé 60 años en 5 minutos de silencio. Y allí estábamos, los dos juntos, como uno sólo, sentados en aquel banco, viendo el tiempo pasar.

Klaek Wiggin

Tragicomedia del day a day

Pongámonos en situación:

Vas andando por la calle, tras una semana de lluvia el sol brilla en lo alto de un cielo azul absolutamente despejado. Es por la mañana, pero no pronto, con lo que estás bien despierto, feliz, observando el buen humor de la gente que se tumba en las florecidas praderas verdes en manga corta… casi flotas en vez de andar, y de repente, a lo lejos divisas una chiquilla con un chaleco rojo…

Vas rodeado de un montón de gente, no tiene porqué pararte justo a tí… “Pues no habrá gente en la calle ni na” piensas.

A medida que te vas acercando, vas viendo como se acerca a la gente y ésta, sin mirarla, incluso con gestos de desagrado, ignoran su presencia como si fuera poco menos que una hormiga…

Piensas: “joe… ojalá fuera ese chico agradable que la escucha con una sonrisa en la cara, la dice que le interesa más ella que lo que le está contando, y mantiene una conversación humana normal y corriente con otra persona que las está pasando putas y le alegrara el día…”

Que putada que me apetezca una puta mierda pararme a hablar con nadie, se está demasiado a gusto andando y pensando en mis vainas.

Mientras mi cabeza le da vueltas a estas cosas me voy acercando a ella, e inevitablemente, la miro mientras pienso… con lo que no tardamos en cruzar nuestras miradas.

En seguida me doy cuenta del peligro que corro, ha fijado un objetivo, en cuanto me mostré ligeramente vulnerable vio una presa débil, fácil. Con terror observé como ignoraba a todos los que pasaban a su lado… faltó que una persona se parara a preguntarla por lo que hacía y ella le diera una bofetada sin desviar la vista de mí para mayor dramatismo.

Me esperaba pacientemente, con su carpetilla llena de papeles en el pecho, cruzando los brazos, con una sonrisa malevola de satisfacción… era una araña y yo había caído en sus redes, tejidas con falsa lástima y compasión.

Pronto, mi cerebro se puso a mil por hora buscando formas de esquivar mi terrible destino… miré a los lados, una carretera de 4 carriles, dos en cada sentido, a mi derecha, una enorme pared a mi izquierda… ¡ya podría ser yo la araña cojones! Volví a mirar la carretera tenía un tráfico intenso en aquel momento…

Me paré en seco a fingir que me ataba los cordones para ganar algo de tiempo.

Ante una imagen tan absurda pronto empecé a darme cuenta de las extrañas miradas que me echaban los viandantes… con lo que aparte de sentirme estúpido apenas gané tiempo de pensar en la desgraciada situación que se avecinaba.

Me levanté torpemente y continué andando muy despacio, evitando su profunda mirada… pero sabiendoo que no me perdía la pista.

El orgullo me impedía darme la vuelta, ¿quién era ella para decirme por dónde andar? ¡NO! Este es mi camino, me apetece andar por aqui.

Pero que pereza de situacion, ¡si yo solo quería dar un pasei apaciblemente! Maldije mi suerte y continué andando…

Volví a mirar a la carretera… ¿¡esque no hay un puto semáforo en esta ciudad!? Estaba a escasos metros de ella, y ella había comenzado a acercarse a mi… ya distinguía el logo, ¡una ONG! Justo lo que necesitaba… un componente de coacción moral para facilitarme la tarea de la disuasión.

Mil opciones se me presentaban: empezar a correr y esquivarla como en un polis y cacos, hacerme el extranjero árabe que no entiende ningún idioma (pero ni papa de árabe, me quedaría vendido a la primera de cambio), fingir un infarto (pero se descubriría el pastel enseguida)… al final opté por lo única opción que me quedaba.

Como en un abrir y cerrar de ojos giré 90° a mi derecha y me lancé de cabeza a la carretera afrontando con dignidad y valentía mi muerte, atropellado, aplastado contra el asfalto.

¿Hubiera estado guapo que no? En mi imaginación era una salida de 10, directo al estrellato de imbéciles que consiguieron evitar su destino, un final tan dulce comparado con el amargor que me inundaba todo mi ser cuando oí su: “¡Buenos días! ¿Tienes un minutito? Trabajo para…”

Me empezaron a pitar los oídos… hasta el maravilloso día del que disfrutaba se había tornado gris. Con los puños apretados, lleno de una cólera incontrolabe la grité: “¡A la mierda!”

¿Que tambien hubiera sido lo suyo no? Hubiera estado guapo, pero no…

Me quedé sonriendo (con cara de gilipollas) y escuchando (atentamente además) los 12 minutos (3 horas en cuando a sensación temporal) que me tuvo allí contándome desgracias. Y gilipollas hasta la médula de mi, cuando parecía que el suplicio tocaba a su fin, ¡cojo y le hago una pregunta! ¡Toocate los huevos! Osea, 15 minutos más (que suman un total de 7 horas y media percibidas) que me tiré ahí siendo devorado por esta astuta araña, que aguarda pacientemente a que los mosquitos mas imbéciles de la naturaleza caigan en sus redes.

Yo, una historia de una víctima más de la selección natural.

Klaek Wiggin

¿Y si tú fueras yo?

Es curioso como cuando me pongo en tu piel, cuando te imagino en mi, y a mi en ti, pienso en lo radicalmente diferente e igual que sería esa experiencia.

Yo, como tú, me vería en retrospectiva para con mi historia, mis vivencias, aquello que me conforma, me ha enseñado y me ha hecho ser como soy. Experiencias diferentes, marcos conceptuales y esquemas culturales inequiparables, diferentes trayectorias y trayectorias infinitas que nunca llegamos a seguir al tener la nuestra propia.

Todo este universo de ser, y no ser, está en ti y en mí, la condición de alteridad en nosotros es por tanto exactamente igual, en tanto que seguimos percibiendo al otro como lo que es: el otro. Y nosotros a su vez nos vemos en el otro, extraño.

Una de las condiciones fundamentales, esenciales e inherentes a la vida, es la relación entre seres, que, de un modo u otro, no es sino comunicación entre ambos, a veces de formas que no llegamos a comprender.

Dado que la relación es inevitable, y es condición necesaria para la supervivencia ¿Qué propósito más loable hay que buscar construir en esa relación una interdependencia sana?

En esta relación que mantenemos, existe una interdependencia, y por ende una serie de intereses que queremos ver satisfechos.

Cuando el interés de ambos es el de mantener una relación cuya dependencia recíproca sea equivalente, acorde a las circunstancias de cada cual, encontraremos la ansiosamente buscada armonía que nos llevará a la satisfacción.

¿Y si tú fueras yo? Yo sería tú, y en tanto que vivamos acordes a estas máximas, sería un cambio tan inocuo, tan magníficamente indiferente, que tendría que responderte: Yo ya soy tú, y tú ya eres yo… ¿Acaso no somos ya nosotros en nuestra relación?

El yo con el ‘tigo’, y el tú con el ‘migo’, por mucho que pueda parecer que es tú+yo, dos seres que por sentido común no pueden fusionarse, es en realidad una construcción de la alteridad, no en el otro, sino en uno mismo.

Es por esto que digo: si nos construimos, y somos quienes somos, en tanto que nos relacionamos con la otredad, ¿No somos eminentemente iguales, precisamente en aquella parte que trata de levantar fronteras entre nosotros?

La moraleja de esta divagación: Con cada relación, ya sea con otras personas, animales, plantas, piedras, un barrio, un pueblo, lo que sea… estás formándote como persona, construyendo una identidad. Cada oportunidad que pierdas de entablar una relación, estás perdiendo la oportunidad de ser una persona más completa, más íntegra, sabia. Que no te guíen el miedo, la desconfianza y la inconsciencia, tienes más en común de lo que crees con el otro más otro que puedas imaginar. Y como coletilla final que quizás haga a más de uno volver unos párrafos arriba…

¿Quién es más otro que uno mismo? La relación con el otro empieza por relacionarte contigo mismo, conocerte y al final, amarte.

Klaek Wiggin

Acebo jazz lloras

Un rinconcito, como cualquier otro, no tiene nada de especial, pero es tan especial…

A veces, no sabes porqué, un lugar se te presenta radicalmente singular. Esa singularidad no emana de una percepción distorsionada, sino de la percepción más fidedigna de la realidad, de aquella que da cuenta de la unicidad simple y maravillosa de las cosas. Una percepción libre de conceptos que nos permite sentir que somos parte del bello orden universal.

Una sensación del todo reconfortante para cualquier persona, pues en esa simple unicidad de las cosas que dota de una esencia perfectamente funcional al orden natural, encuentras la plenitud espiritual. Un momento de revelación – que tantas veces ha sido relacionado con la religión, y no en bano, pues si ha de definirse ha de ser en términos divinos – en el que verdaderamente sientes la felicidad de la existencia, el existir por existir, de poder ser esa infinitésima parte de lo que en el pasado se llamó Dios.

Pero como vino, se fue… Y te das cuenta de la transcendental banalidad de lo que has vivido en el momento en que te percatas de que aquellas sensaciones libres de conceptos, en las que sientes ser uno con el todo, por su propia naturaleza, no pueden ser transmitidas.

Momentos que atesoras en lo profundo de tu mente y que quedan sepultados bajo un manto de recuerdos infinitos, enterrados por la necesidad de recordar cosas prácticas que nos sirvan en el día a día. Nunca olvidas donde guardaste el mapa del tesoro que te guiará hasta ellos, tratas de aferrarte a él, deseando otro momento de lucidez que te ayude a desencriptar su contenido, mas el lenguaje que necesitas para ello, es el tesoro que buscas.

 

Klaek Wiggin

Lo que nunca supiste

Como de costumbre, esperaba bajo tu ventana a que aparecieras por el portal, perfectamente arreglada, guapísima, andando elegantemente hacia mí, segura de tí misma, con esa sonrisa que para mi sólo puede significar: tenía ganas de verte y me alegro mucho de encontrarme en el reflejo de tu mirada.

Mientras mi mente bailaba al compás del viento y el sacudir de las flores, pensé en cogerte una y cuando te viera, ponértela tras la oreja despejando el hermoso rostro del que me enamoré hace tanto ya.

Busqué la más bonita de ellas, y cuando la encontré, te vi en su delicada constitución, en el polen de sus estambres, en las delgadas líneas de sus pétalos… entonces, llegué a la conclusión de que si te gusta una flor, la cogerás, pero si verdaderamente amas su esencia y su estar en el mundo, la dejarás y contemplarás su arrebatadora belleza.

Sonriendo, la acaricié con el dorso de los dedos, y al darme la vuelta, ahí estabas tu, con esa sonrisa…

– ¿Qué haces? -. Me preguntaste.

– Pensarte -.

Tu alegre mueca de extrañeza me conmovió, te atraje hacia mí, te besé, y cogidos de la mano, comenzamos a andar dejando atrás este pensamiento para el que venga después.

Klaek Wiggin

“Colilla”

COLILLA XIII

 

Las gentes por apodo

pusiéronle “Colilla”,

y era el más refinado

granuja de la villa.

Dicen que en un instante

robaba sin recelos

monedas y alfileres,

relojes y pañuelos.

Y aunque “Colilla preso”

pasar meses solía,

era, en vez de enmendarse,

más pillo cada día.

Robó una vez diez duros,

salió bien, y ligero

compróse un decimito,

de Navidad, entero.

¡Lo que pensó, Dios mío!

Qué de locas mudanzas,

de dulces ilusiones,

de bellas esperanzas;

hasta que llegó el día,

se celebró el sorteo

y el chico vió asustado

cumplido su deseo.

Sus padres al instante,

compráronle otra ropa,

y así vivieron años,

marchando viento en popa.

Cambió su trato burdo,

por un trato más fino;

consiguió con dinero

ser socio del Casino.

Pero aunque así se daba

para engañar mil modos,

siempre era, sin embargo,

visto muy mal por todos.

Y es que cambió de traje,

de botas y sombrero,

pero conservó siempre,

su fama de ratero.

La cara que ocultas

Aguas “subterráneas” en algún lugar entre Álava y Burgos…

 

Remanso de paz, respira mi alma y encuentra calma en el murmullo de tus aguas,

Y aunque tu destino sea pasar desapercibido, en la oscuridad de lo subterráneo…

Afloras, naces y llegas a lo más alto tan sólo por un brevísimo periodo, en un tramo tan corto, que el inconsciente, el agitado, aquel que no tenga el don de la visión, jamás se imaginará tu hermoso recorrido…

No, yo no te amo por aquello que me muestras, bello, hermoso, exhuberante, magnífico. No amo tu momento más álgido, aquello por lo que otros te aman y se quedan embelesados mirándote…

Te amo precisamente por aquello que ocultas, aquello de lo que únicamente cobras consciencia de que existe cuando miras más allá, y profundizas en su espíritu… Te amo sobre todo por tu oscuridad, tu vasto misterio, tus momentos más bajos en los que, sin pretensiones, sin expectativas, continúas tu incansable avance hacia la inmensidad del ser tú mismo.

Te amo por cómo eres, cuando no eres para nadie.

Klaek Wiggin

De los diez a los veinte, diez

Esa es mi natura,

pura dura realidad,

sin censura.

De la verdad,

no hay marcha atrás,

no hay cura.

¡Suban! ¡Suban!,

¡Súbanse al tren de la locura!.

La magia de cuando eras niño,

camellos voladores,

sin miedo a los controles,

ratones roba piños.

Yo nunca quise ser poli,

siempre caco,

No dormía aterrorizado,

por si Claus fuera el hombre del saco.

Esos pequeños placeres,

como el : “¡Vas a iiiir!”,

para conseguir lo que quieres,

pasar de mujeres,

pero encandilar molestando a la más bella,

y lo mejor es que aunque estés más cerca,

te libras por la “Ley de la botella”.

Sencillo, fácil,

como elegir que ser de mayor,

en un cruce de cables,

No sé…

Solo digo que eran cosas razonables,

no como eso de que los reyes son los padres.

Tierra de fantasía,

en la que vivía,

sin preocupación…

vecina tierra de agonía,

a la que me unía,

un itsmo de protección.

Nada volvió a ser lo mismo,

desde que el itsmo se rompió,

pues me hice mayor,

y mi isla del tesoro,

de nunca jamás,

lentamente se alejó.

¡Jó!

Mas he de alegrarme,

ya que años mas tarde,

fue ella la que volvió.

Nada era lo mismo,

todo estaba diferente,

alguno de los dos cambió.

Comencé a explorar,

en la mente a bucear,

y un camino conocido se me apareció,

desde aquel momento decidí que podía estar,

en cualquiera de las dos,

y aprendí la filosofía del vivir mejor.

Klaek Wiggin

Imagina en absurdo

Matar… decidir sobre la vida de una persona…

Creo que no podría.

A no ser que fuera por una venganza justificada; si matan a mi mujer, mi madre, mi padre, mi hermano, mis hijos… Creo que ese tipo de muertes deberían estar contempladas legalmente.

Como en la Edad Media, que existían los llamados “duelos por el honor”. Cuando una persona mancillaba tu honor o el de tu familia, podía ser retado a un duelo a muerte, de manera que tenías la oportunidad de recobrar tu honor y el de tu familia, a la par que se hacía “justicia”.

Algo asi como dos que se cruzan, y uno le dice al otro:

– ¡Buenos días!

A lo que el otro responde:

+ ¿¡Como que buenos días?! ¡Buenos días, monsignor!

Acto seguido y en un abrir y cerrar de ojos, el primero es degollado a manos del segundo.

Aprisa, se acerca un guardia al asesino, que guardaba su ensangrentado cuchillo en el bolsillo interior de su chaqueta, e impávido ante la situación, mirándole a los ojos dice:

– Lo he visto todo… ¡mu’ bien hecho!, ¡habráse visto el deslenguado éste!-. Exclama mientras le da una patada en el estómago.

Con mucha calma, mientras se desangra el desgraciado tendido en el suelo, saca una libreta de su bolsillo, escribe unos garabatos, y mientras se agacha hacia el cuerpo casi inerte para colocarle el papel en el pecho, dice en voz alta:

– ¡Yyyy multita que te llevas!.

Incorporándose, se lleva la mano izquierda al sombrero, e inclinándolo ligeramente hacia delante, y como despedida dice:

– Que tenga buen día monsignor.

El otro, de la misma manera, responde:

+ Buenos días monsignor.

Klaek Wiggin