Sobre mi sentir

Muchas veces me pregunto por qué se me hace tan difícil hacerme entender en una simple conversación. Me dicen a menudo que relaciono cosas entre sí que nada tienen que ver.

Y he llegado a la conclusión de que esto me pasa tan comúnmente porque no tengo delimitado el significado de muchísimos conceptos. Juego con ellos, los moldeo y ellos me moldean a mí haciéndome ver la realidad de otra manera. En función de como operen las manos que mueven los hilos de mi mente, son una cosa u otra y significan cosas diferentes. Veo en ellos una compleja estructura de interacción entre dimensiones, internamente heterogéneas entre si. Experiencia e intuición, conocimiento y desconocimiento, mente y cuerpo me hablan a la vez y me dicen la forma que en esta ocasión tiene el concepto que estoy manejando. Mas si soy yo el que escucha, podría decirse que es el concepto el que maneja mi operación mental, y yo nada más que un títere movido por las hábiles manos del lenguaje.

Es por esto quizás que acostumbro a percatarme, no sin cierta desazón, que en las conversaciones con otros, suelo entender cosas muy diferentes a las que se están hablando. Y cuando hablo, de igual modo noto el desconcierto en los demás. Como si de un náufrago me tratara, que tras mucho tiempo en su isla, llega a una playa de bañistas disfrutando de sus vacaciones, compartiendo un hacer y vibrando a una misma frecuencia, ajenos a las desgraciadas vivencias que trae consigo el náufrago.

No es una sensación agradable la que describo… continuamente sientes la desconexión y distancia que te separa no sólo de los otros, sino del mundo que te rodea. Te das cuenta que el resto de personas comparten un mismo saber hacer respecto a la forma de expresar lo que ven, oyen y piensan. Y sin embargo, ahí estás tú, observando atentamente cómo hacen lo que hacen sin darse cuenta, sin llegar a descubrir el método ni la forma, y sobra decir que sin ser partícipe de esa realidad. Miras sin ver desde fuera, como todas las personas que te rodean se relacionan en busca de comprensión (pues creo que no hay otra manera de corroborar que compartes este mundo con otros) y te preguntas si realmente la encuentran. Por el más que perceptible alivio que sienten al compartir vivencias parece que sí. ¿Y entonces que hago yo mal?

Me gusta fantasear con la idea de que realmente no estoy sólo, y que ese alivio es tan solo la somatización de un efectivo autoengaño, una ilusión mental creada para atarse a uno mismo a esa realidad irreal en la que creemos desenvolvernos en sociedad, compartiendo un ser y un estar. Pero lo cierto es que no supone ningún consuelo.

En mi adolescencia, muy precoz y acelerada como lo he sido yo toda mi vida, como funciona mi mente, mi único objetivo durante algo más de un año fue vivir en esa realidad compartida de la que hoy dudo su existencia. Creo que lo conseguí, tampoco puedo estar seguro… no ahora, pero en su momento me sentí formar parte de un montón de historias ajenas a la mía, y me desenvolvía hábilmente en ese mundo existente sólo para los que viven en él e incognoscible para el resto. Y el precio fue muy caro, demasiado. Maté a aquella parte de mi que me hacía compañía en mis anteriores momentos de “soledad”.

Y no fue un asesinato, no fue algo premeditado y consciente. Fue el resultado del acontecer natural de los hechos, el único resultado posible a mis decisiones. Resulta que esa parte de mi era precisamente la que me hacía hablar conmigo mismo, y en ese diálogo, tomaba un partido, era realmente alguien, compartiendo unas mismas vivencias, un modo de ser, estar y sentir. Y en ese compartir hallaba una armonía verdadera, pues a diferencia de la otra realidad incognoscible, ésta era pura y virtuosa.

No me dí cuenta de la pérdida de mi querido compañero hasta mucho más tarde. Y también, esto no fue algo consciente. Aquella evolución, desde el miedo, la vergüenza y la timidez hacia la integración, ser popular, comprendido y aceptado, conllevó mucho bullicio, un atoramiento por saturación mental. ¡Cuántas cosas más absurdas llenaban los recobecos de mi interior! Y como somos en esencia paradojas, y no podemos escapar de nosotros mismos, sólo cuando el bullicio se hizo demasiado atronador, me di cuenta de la existencia de aquel silencio. Un silencio que nunca antes hubo en mi. No me recordaba, no sabía por qué sentía aquello, era algo totalmente nuevo para mi… ¿Acaso siempre había estado hablando y no me había dado cuenta? La experiencia de la ausencia es… nada, no es triste, no es trágica, no sientes rabia. Sí, claro que sientes, sientes pero no sabes que sientes, la experiencia de la ausencia es descorazonadora porque no tiene nombre, no puede pensarse.

Durante mucho tiempo, quise ponerle nombre, de hecho lo hice incontables veces, a día de hoy estas palabras no son más que otro intento de dotar de existencia a algo que ya no la tiene.

Sigues viviendo, y vives en la experiencia de la ausencia. Y ya con la sabiduría de quien está en equilibrio con su nuevo paradigma vital, no juzgas, no te empecinas en lograr lo imposible. Amas esa ausencia como parte de ti, de lo que te forma y te hace ser quien eres.

¿Y quién soy después de todo? El mismo que empezó a escribir. Sigo sin hacerme entender, no logro dar con esa comprensión y ese compartir, pero comprendo la incomprensión. Me sonrío de verme a mi mismo tratando de descifrar el mundo como un niño, me maravillo observando como la gente logra alcanzar eso que escapa a mi entendimiento y doy gracias por mi condición de observador. Pues aunque de vez en cuando sufra por sentir que vivo desidentificado de todo aquello que me rodea y que me importa, mientras que el resto de personas hacen suyas las gestas y causas que les conmueven, soy conocedor de quién soy y cuál es mi papel en esta particular reflexión… ver aquello que ellos nunca verán: La complejidad de la simpleza, lo caótico del orden, los miles de millones de universos que se entretejen para darnos esa sensación de unidad.

“Sólo la cabra descarriada, en su perspectiva solitaria desde lo alto del monte, pudo ver el rebaño. Sólo la cabra descarriada, que quedó atrás, pudo ver la dirección que tomaba el rebaño”.

Klaek Wiggin

La responsabilidad del sabio

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Tú pensabas, de niño, que es libre aquel que puede hacer cualquier cosa.

Eso pensé yo, alguna vez.

Y todos nosotros.

Y la verdad es que a medida que un hombre adquiere más poder y sabiduría, se le estrecha el camino, hasta que al final no elige, y hace pura y simplemente lo que tiene que hacer…

Klaek Wiggin

Los opuestos se tocan en sus extremos

3.1.16.20 y 16.19.4.5.14 nacieron a la vez. Antes de ellos existía un cierto estado del ser, desde su irrupción en el mundo, todo pareció cambiar para sus habitantes.

Ambos hermanos estaban determinados por su código a ser enemigos, opuestos, contrarios, mas su destino se entrelazaba de manera tal, que para su desgracia la existencia de cada cual dependía única y exclusivamente de la supervivencia del otro.

De este modo crecieron, luchando por mostrar su superioridad, alterando tan sólo con su paso el medio en el que vivían a su imagen y semejanza, alimentando a otras conciencias con sus ideas para poder utilizarlas para sus propios fines. Al principio, inmaduros e ignorantes, batallaban por establecer su domino, sin darse cuenta que con el mismo ahínco y fuerza respondía el otro a los intentos del uno por relegar al otro a los confines del mundo. Por mucho que hicieran, la armonía entre ambos opuestos era tan inalterable, y la equivalencia entre sus valores contrarios tan exacta, que no lograban adquirir ni un ápice de poder sobre el otro.

Hastiados de la lucha se resignaron, y cada uno se encaminó al horizonte en direcciones opuestas, esperando no tener que volver a encontrarse jamás.

Mientras, el resto de seres, cuyas conciencias viciadas no conocían ya otro modo de ver el mundo, continuaron la lucha de sus maestros.

Muchos muchos años pasaron desde que comenzaron a andar, y en todo ese tiempo ninguno de los dos emitió sonido alguno, en silencio pensaban, abstraídos de todo cuanto les rodeaba no se relacionaban con otras consciencias… Finalmente, para la sorpresa de ninguno, vieron a lo lejos su reflejo. El lugar les resultaba vagamente familiar, como un sueño con el que se sueña por segunda vez… poco a poco se fueron acercando a su reflejo, viejo, sabio, pero con una vivacidad en la mirada que parecía querer salirse de aquel cuerpo tan gastado y dolorido.

Ya a escasos pies de su reflejo, 3.1.16.20 y 16.19.4.5.14 cayeron de rodillas al suelo, sin fuerzas para seguir avanzando, vieron la desolación que les rodeaba, un páramo de muerte en el que sólo su presencia perturbaba la inerte quietud del lugar. Se miraron, bucearon en sus almas y se dieron cuenta de que eran una misma cosa, que nada habían cambiado este mundo, y que en realidad, no fueron ellos quiénes habían causado toda aquella desolación, cayeron en la cuenta de que en realidad fueron ellos quiénes fueron utilizados por el resto de conciencias más bajas, en una lucha de poderes absurda que nada tenía que ver con la búsqueda de la verdad, con sus caminos.

Reconocida la verdad, juntos, como un mismo ser, desfallecieron simultáneamente, quedando sus cabezas a escasos centímetros la una de la otra. De sus cuerpos maltrechos surgió de nuevo la vida en aquel lugar. Muchos años tuvieron que pasar para que de nuevo otras consciencias, en su afán por nombrar, les volvieran a resucitar.

3.1.16.20 y 16.19.4.5.14 que tenían la capacidad de recordar, no olvidaron lo que aprendieron tantos años atrás… y como bien sabían que ni podían evitar ser utilizados para explicar el mundo, ni estaba en su mano hacer entender lo que ellos entendieron antaño ya, mandaron a un viejo ermitaño, que por sabio sabía ya, les decapitara y encerrara sus cráneos para que nadie pudiera saber nunca quien era cada cual.

Estas bajas consciencias, siguieron usando sus nombres por mucho tiempo, tratando de imponerse en nombre de uno u otro sobre los demás, no obstante el ermitaño cumplió bien su deber, y sus cabezas supo guardar, de manera que aún cuando las luchas en sus nombres se siguen sucediendo, nunca se supo quién de los dos tenía las de ganar.

La Alberca, Salamanca

Klaek Wiggin

¿La llave de qué puerta?

¿Por qué capricho del destino me encuentro ahora aquí?

¿Qué hice para merecer la agonía de estar encerrado en este lugar?

¡Dime, oh, Dios omnipresente que nada escapa a tu parecer!

¿Qué he de hacer? Te lo ruego, ¡Ilumíname con la verdad!

Me postro ante tus pies, un fiel servidor tienes ante tí,

Tan sólo dime,

¿Cómo salgo de éste lugar al que yo llamo estar en mí?

No te puedo responder…

Sólo me puedo responder.

No existe llave para la cerradura que buscas abrir…

Tampoco existe puerta que la pueda contener

No hay pared, no hay cárcel, escúchate…

Si buscas para encontrar sólo te encontrarás buscando, mas sin encontrar.

Elige dónde estar,

donde estés, procura estar bien…

Salir, entrar… no es tu decisión

Dentro y fuera a la vez.

¿Enigmático eh?

A veces hay que vivir para poder leyendo comprender.

Klaek Wiggin

El veneno en mí

Testigo de otra época, vi como bajo los mantos de color que cubrían mi cuerpo, comenzaban a formarse pequeñas manchas grises y negras.

Poco a poco comenzaron a crecer, alimentándose de toda forma de vida que las rodeara, hiriéndome, matándome.

Soy vida y muerte, el ciclo infinito de la existencia, mi atributo es la resiliencia, y este cáncer que me devora, pronto acabará por destruirse a sí mismo.

Entonces, volveré a tender tupidos mantos verdes sobre la enfermedad que me acosaba, dejando bajo mi piel bellas cicatrices que hablarán de mi historia.

Klaek Wiggin

Lo que nunca supiste

Como de costumbre, esperaba bajo tu ventana a que aparecieras por el portal, perfectamente arreglada, guapísima, andando elegantemente hacia mí, segura de tí misma, con esa sonrisa que para mi sólo puede significar: tenía ganas de verte y me alegro mucho de encontrarme en el reflejo de tu mirada.

Mientras mi mente bailaba al compás del viento y el sacudir de las flores, pensé en cogerte una y cuando te viera, ponértela tras la oreja despejando el hermoso rostro del que me enamoré hace tanto ya.

Busqué la más bonita de ellas, y cuando la encontré, te vi en su delicada constitución, en el polen de sus estambres, en las delgadas líneas de sus pétalos… entonces, llegué a la conclusión de que si te gusta una flor, la cogerás, pero si verdaderamente amas su esencia y su estar en el mundo, la dejarás y contemplarás su arrebatadora belleza.

Sonriendo, la acaricié con el dorso de los dedos, y al darme la vuelta, ahí estabas tu, con esa sonrisa…

– ¿Qué haces? -. Me preguntaste.

– Pensarte -.

Tu alegre mueca de extrañeza me conmovió, te atraje hacia mí, te besé, y cogidos de la mano, comenzamos a andar dejando atrás este pensamiento para el que venga después.

Klaek Wiggin

Cuando sólo quedan los que han de quedar…

En mi pueblo, cada primera luna nueva de febrero, se celebra por la noche, bajo mil millones de brillantes diamantes en el cielo, un gran un festín donde no faltan ni el cerdo ni el anís, y entre risas y bailes, de igual a igual, celebran la vida ancianos y niños, mujeres y hombres, ateos y frailes.

Cuentan los ancianos sus historias, llamando a la gente al calor del fuego, ebrios y risueños, no dejan para luego, sus apasionantes andaduras. Y mientras la tradición llega a su apogeo, por el alochol y el calor del fuego, poco a poco caen sus voluminosas vestiduras al helado suelo.

Cuando la hoguera pierde fuerza, y la oscuridad es total, los impresionables críos, quejumbrosos se retiran a soñar… y cuando ya no quedan más que aquellos, que los que han de quedar, con los pies al desnudo, zapatos y bolsas en mano, se echan a andar.

“¡Qué suerte de infortunio! ¡Qué frío! ¡Qué innecesario sufrimiento a esa edad!”

Cuenta la leyenda, que aquellos que aman la vida y aman la muerte por igual, aquellos que de verdad amen esta maravillosa misma senda, han de quitarse las prendas y dejarlas al amparo de la noche en señal de ofrenda.

Qué magnífica metáfora de la existencia, qué bella contradicción la conjunción del calor del amor y el gélido exterior, qué ironía que lleguemos a este mundo sin tenencias, mas por tenerlas, sudemos y nos hagamos sufrir, para que cuando llegue el momento, sin ellas tengamos que partir.

En esta solemne y lenta marcha, la nieve, con la suavidad de una caricia desapercibida, los negros tejados mancha. Pronto, el vaho deja de surgir de los arrugados pies de los ancianos, símbolo de la evaporación de sus mundanos miedos, preocupaciones y deseos que tanto sudor les ha costado.

Descalzos, como abandonando su apego por lo que el tiempo deshace, dejan al abrigo de lo desconocido y lo incierto, sobre una mesa, aquello que no tendrán cuando estén muertos, aquello que les pesa. Y con el primer paso de vuelta a sus catres, dan su primer paso hacia otro mundo, y libres de cargas, de un sueño profundo nacen.

Supongo que fue, lo que para tí siempre quise, vivir juntos un momento de consciencia sobre lo bello que fue, quedarse para irse.

Klaek Wiggin

Gorrión – Homenaje a una gran persona

Un gorrión yacía en el suelo

como hoja su cuerpo quedó

y un capullo que estaba naciendo

al verlo lloró.

El verano se había marchado,

y en su cuerpo le faltó calor,

el invierno le ha traicionado,

y de frio murió.

¡Ay! Pensé,

si poder yo tuviera, como lo tiene Dios,

te diría: ¡Levántate y anda! pequeño gorrión.

Un sepulcro de nieve se hizo,

y su cuerpo entre nieve quedó,

una lágrima cayó sobre el muerto,

el muerto gorrión.

Ya no llores pequeño capullo,

no lastimes más mi corazón,

que en el cielo vuela ya feliz,

un ángel gorrión.

¡Ay! Pensé,

si poder yo tuviera,como lo tiene Dios,

te diría: ¡Levántate y anda! pequeño gorrión.

Una vista atrás, y visto lo visto, con vistas hacia delante

Recuerdo cuando era oruga,
la vida era dura,
pequeño, blandito, torpe e indefenso,
sin saber nada de mis padres en ningún momento,
miré en mis adentros, y encontré, 
que debía de aprender de todo ello.
Con esa guía empecé a crecer,
cada vez, era más grande,
cada vez, me sentía mas grande,
y cada vez, me sentía más aparte,
sintiéndome diferente, viendo como mi mente,
no encaja en este lugar, con esta gente,
el cuento que viven no lo entiendo,
de donde nací, no me siento,
volver a adaptarme no quiero,
ya probé y salí huyendo.
Siento que,
tengo que hacer algo más, que reptar,
nací sabiendo que así no quería estar,
he nacido para elevarme y volar,
frustrado por los que no pueden imaginar,
otra vida diferente de la suya…
Pienso como oruga,
busco la fuga,
me subo al árbol, pensando en tirarme,
para volar unos segundos, antes de estrellarme.
¿Pero porqué estrellarte?
¡No hagas caso de nadie!,
pretenden inculcarte,
el miedo que no les ha permitido elevarse,
siéntate, piensa, medita…
me encierro en crisálida,
cálida mansión de cristal,
donde pensar en oscuridad,
con absoluta soledad.
Recuerdo, las ráfagas de viento,
pero más recuerdo,
la fuerza de las sacudidas de mis pensamientos,
diciéndome que mi futuro, es perecedero,
y no mereceré un cero si me gano el cielo,
¡quien coño es nadie para decirme lo que quiero!
¡Soy diferente, deseo diferente y haré algo diferente!
en mi ambiente, con mi gente.
También recuerdo, la lucha interna que suponía,
abandonar mi cálida crisálida, cálida caverna,
por verme despertar en un nuevo día,
con mi sueño hecho realidad, y ganar la eternidad.
Tú contra tí mismo,
saliendo del lugar que creaste
para no hundirte en el abismo.
Ves un nuevo amanecer,
siendo otro ser,
sabiendo lo que has venido a hacer,
confirmándote,
que tu destino no era el suelo,
sino elevarte,
volar hasta cansarte,
continuar hasta agotarte,
siguiendo tus principios hasta matarte,
morir sabiendo que dejaste tu huella en todas partes,
y alegrarte,
de que ya de oruga mirabas hacia arriba,
y no hacia delante.

Little butterfly, travelling through the space,
loving u from inside,
watching u from far away.
U can´t say, that u can´t change,
metamorphose is your decision,
metamorphosis gave mi wings,
make me win, and think,
that bringing mental change to the people is my mission.

mariposa

Ética de la mentira

Si miento, nace el cimiento,

de un edificio del mal,

y no será oficio mental,

si siento que tal engaño,

hace mas daño que la verdad,

destruir la arquitectura que antaño,

pretendía levantar,

mas, si la verdad es más dura,

que las texturas,

que mis piedras al tacto podrían arrojar,

y siendo la verdad,

una estructura de contacto,

solo para mi la realidad,

¿No sería huraño, mezquino y fatal,

privar,

al ciego de la visión,

de mi castillo celestial?

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