EN LA CUMBRE

I

 

Ven, niño, ven, yo quiero

llevarte por la mano,

de los vecinos montes

hasta los picos altos;

no en ti haga el miedo presa,

ni te inquieten cuidados,

que yo, cuando vaciles,

solícito me encargo

de hacer las sendas suaves

y enderezar tus pasos.

Tú salvarás conmigo,

yendo los dos despacio,

gargantas y pendientes,

declives y barrancos,

y cuando ya en la cima

nos encontremos ambos,

podrás, entre tomillos,

hallar dulce descanso.

Tiende la vista, y miren

tus ojos asombrados,

este maravilloso,

magnífico espectáculo

de lontananzas mudas,

de exuberantes campos,

de frutas y de nieves,

de rosas y de nardos

de transparentes cielos,

de ambiente rico y sano

que es a la sangre nuestra

lo que la savia al árbol,

riquezas y energías,

vigores y entusiasmos.

Pues todas estas cosas

que a ti te admiran tanto,

que galas son arriba

y adornos son abajo,

Dios las creó, y al hombre,

su amor por él probando.

hízole rey de un mundo

tan hermoso y tan vasto.

Para ti hizo las aguas

y la luz de los astros;

por Él también te brindan

los trigales sus granos,

sus mieles las abejas,

su música los pájaros,

las flores su perfume

y el céfiro su halago;

y tú ¿sabes ¡oh hermoso!

lo que Él desea a cambio?

Desea que le pruebes

que le amas, con tus actos.

Ya ves qué poca cosa

te pide el Soberano,

el que es de tu existencia

guardián y señor y amo.

Piensa que lo que Él pide

no debes tu negarlo

y que según le sirvas,

así te dará el pago.

EL GUSANO DE SEDA Y EL CERDO

XXXII

 

Un señor que vivía

bajo el radiante sol de Andalucía

y contaba en su hacienda por millares

limoneros, naranjos y olivares,

quiso dar nuevo giro a su moneda,

y pensó en el cultivo de la seda.

Claro está que podía fácilmente

encontrar en Europa la simiente

del industrioso, productor gusano;

pero por imitar a Justiniano,

de quien era entusiasta verdadero,

a un padre misionero

que iba a extender de Cristo la doctrina

por el remoto imperio de la China,

le encargó que, si al pueblo de los Seres

le llevaban un día sus deberes,

de aquel país al regresar a España

trajera la simiente en una caña.

Hízolo el Padre así, y él, entre tanto,

por disfrutar cuanto antes de este encanto,

y abrigando esperanzas lisonjeras,

plantó algunos viveros de moreras,

cuyas hojas sin cuento

sirviesen al gusano de alimento.

Una vez que logrado

hubo el precioso insecto codiciado,

comenzó su labor, y de tal modo

llegó a salirle todo,

que su fábrica al fin fue conocida

y a otras de igual industria preferida.

Tenía el tal señor en sus corrales,

entre algunas docenas de animales,

un cerdo que, envidioso

del gusano industrioso,

su odiosa suerte con furor maldijo,

y así gruñendo y hocicando dijo:

– Los bordes de lo justo esto rebasa;

yo soy el más marrano de la casa;

mas, por quien soy, que he de probar al amo

que, aunque cerdo me llamo,

puedo hacer un trabajo tan perfecto

como el que hace el insecto…

Gruñó, tornó a gruñir, lanzó bravatas,

puso a contribución las cuatro patas,

pero por más que hacía,

la esmerada labor no parecía,

y aunque el juzgaba su producto bueno,

era tan sólo despreciable cieno.

“Nunca falta en el mundo un hombre vano

que queriendo imitar a este gusano,

falto de gusto, inspiración y tino

sólo consigue hacer lo del cochino”.

POR EL ÁRBOL

III

 

Cuando los aires blandos

y juguetones soplan,

yo me deleito viendo

cómo en la verde copa

del árbol se menean

las danzarinas hojas

que, en calurosos días

y en estivales horas,

ofréceme su dulce,

su codiciada sombra.

Y en tanto que mi cuerpo

de sus delicias goza,

el alma se recrea

y el pensamiento entona

un himno a Dios, por cuyo poder el árbol brota.

¡Cuán útil es el árbol

que nuestros bienes colma!

De tu niñez la cuna

y la cruz de tu fosa,

la mesa donde comes,

la casa donde moras,

la lumbre que tus miembros

con su calor conforta,

la embarcación que surca

del hondo mar las olas,

los útiles telares

que tejen nuestras ropas,

y el arado que en surcos

rasga la tierra pródiga;

todo se debe al árbol,

pues todo de él se forma.

Él la campiña alegra

y él el paseo adorna,

y al viento pone diques

y las lluvias provoca,

y así la vid prospera

y el trigo se sazona.

y a cambio de estos bienes

y en premio de estas cosas,

no falta quien le daña,

le tala y le destroza.

No sigáis el ejemplo

de los que así se portan.

Haced, niños, que el árbol

prospere y eche pompa,

que el bien que por él se hace

a su bienhechor torna.

Entrebesoyverso

XXI

Miro atrás y veo el camino ya andado.
Me paro y respiro,
Me aferro a lo caminado.

Pienso en la vida,
La luna y las estrellas.
El pasado,
El futuro,
Las almas que dejaron huella.

Confusa me pregunto el porqué de la existencia.
Llevo 21 años andados y no comprendo la presencia.

Es algo constante que invade mis días y mi mente.
Vivo con la incertidumbre en los zapatos
Y la duda entre los dientes.

Miro adelante y veo el infinito.
Veo vida y esperanza.
Siento el vértigo de vivir.
Tengo en el pecho el alma en danza.

Por fin entiendo que apenas he comenzado a caminar.
Le doy las gracias a cada piedra,
A cada flor y a cada mar.
A las cariátides que fueron mi pilar.

Sentiré cada paso,
Aprenderé de cada caída.

Amaré el arte de vivir
Hasta el último de mis días.

http://www.entrebesoyverso.com

Por Cristina Giannikos Gracia

POR MAL CAMINO XII

Yo no he visto nunca un niño

tan rebelde como Jaime:

siempre que iba de visita

de la mano de su madre,

tales eran sus enredos

y sus juegos eran tales,

y sus bromas tan pesadas

y tan necios sus afanes,

que jamás quedaba a gusto

ni con nada ni con nadie.

  • Pero, chico- le decían

Doña Petra y doña Carmen-,

otros niños son callados,

son juiciosos y formales:

¿Por qué tú  no los imitas?

pero el chico, sin turbarse,

coge al gato por el rabo,

sin temor de que le arañe,

y le obligará a hacer piruetas

y otras mil habilidades,

que para esto nunca el “mozo”

corto ha sido ni cobarde,

y convierte los armarios

en tambores y timbales,

y no deja en paz un punto

los boliches de los catres,

y ora cuelga de su cinto,

la badila, como un sable,

ya del mango de una escoba

su “brioso” caballo hace,

y con sillas y con muebles

juega al toro y forma baile,

y en la casa que el frecuenta

no hay quien viva ni hay quien pare,

ni hay ninguno que no le huya,

ni hay ninguno que no escape:

los mayores y los chicos,

y los gatos y los canes,

pues con él cosa segura

no queda en ninguna parte;

ni cabezas ni ventanas,

ni balcones ni cristales,

que con palos y con piedras

él no rompa en un instante.

Y por estas travesuras,

y por estas malas artes,

con frecuencia ganar suele

las palizas de su padre.

Sabed, niños, que hoy abundan

los muchachos como Jaime,

y sabed que tan traviesos,

tan indóciles rapaces,

según van creciendo en años

también crecen en maldades,

y al igual que ocurrió un día

al chico de mi romance,

si les falta al fin y al cabo

quien les dome y quien les ate,

por muy bien que se las hayan,

ya más pronto, ya más tarde,

dan, sin que haya quien lo evite,

con sus huesos en la cárcel,

mientras que al muchacho dócil

mientras que al muchacho amable,

no hay ninguno que no estime

ni hay ninguno que no ame.

“Colilla”

COLILLA XIII

 

Las gentes por apodo

pusiéronle “Colilla”,

y era el más refinado

granuja de la villa.

Dicen que en un instante

robaba sin recelos

monedas y alfileres,

relojes y pañuelos.

Y aunque “Colilla preso”

pasar meses solía,

era, en vez de enmendarse,

más pillo cada día.

Robó una vez diez duros,

salió bien, y ligero

compróse un decimito,

de Navidad, entero.

¡Lo que pensó, Dios mío!

Qué de locas mudanzas,

de dulces ilusiones,

de bellas esperanzas;

hasta que llegó el día,

se celebró el sorteo

y el chico vió asustado

cumplido su deseo.

Sus padres al instante,

compráronle otra ropa,

y así vivieron años,

marchando viento en popa.

Cambió su trato burdo,

por un trato más fino;

consiguió con dinero

ser socio del Casino.

Pero aunque así se daba

para engañar mil modos,

siempre era, sin embargo,

visto muy mal por todos.

Y es que cambió de traje,

de botas y sombrero,

pero conservó siempre,

su fama de ratero.

Cuando sólo quedan los que han de quedar…

En mi pueblo, cada primera luna nueva de febrero, se celebra por la noche, bajo mil millones de brillantes diamantes en el cielo, un gran un festín donde no faltan ni el cerdo ni el anís, y entre risas y bailes, de igual a igual, celebran la vida ancianos y niños, mujeres y hombres, ateos y frailes.

Cuentan los ancianos sus historias, llamando a la gente al calor del fuego, ebrios y risueños, no dejan para luego, sus apasionantes andaduras. Y mientras la tradición llega a su apogeo, por el alochol y el calor del fuego, poco a poco caen sus voluminosas vestiduras al helado suelo.

Cuando la hoguera pierde fuerza, y la oscuridad es total, los impresionables críos, quejumbrosos se retiran a soñar… y cuando ya no quedan más que aquellos, que los que han de quedar, con los pies al desnudo, zapatos y bolsas en mano, se echan a andar.

“¡Qué suerte de infortunio! ¡Qué frío! ¡Qué innecesario sufrimiento a esa edad!”

Cuenta la leyenda, que aquellos que aman la vida y aman la muerte por igual, aquellos que de verdad amen esta maravillosa misma senda, han de quitarse las prendas y dejarlas al amparo de la noche en señal de ofrenda.

Qué magnífica metáfora de la existencia, qué bella contradicción la conjunción del calor del amor y el gélido exterior, qué ironía que lleguemos a este mundo sin tenencias, mas por tenerlas, sudemos y nos hagamos sufrir, para que cuando llegue el momento, sin ellas tengamos que partir.

En esta solemne y lenta marcha, la nieve, con la suavidad de una caricia desapercibida, los negros tejados mancha. Pronto, el vaho deja de surgir de los arrugados pies de los ancianos, símbolo de la evaporación de sus mundanos miedos, preocupaciones y deseos que tanto sudor les ha costado.

Descalzos, como abandonando su apego por lo que el tiempo deshace, dejan al abrigo de lo desconocido y lo incierto, sobre una mesa, aquello que no tendrán cuando estén muertos, aquello que les pesa. Y con el primer paso de vuelta a sus catres, dan su primer paso hacia otro mundo, y libres de cargas, de un sueño profundo nacen.

Supongo que fue, lo que para tí siempre quise, vivir juntos un momento de consciencia sobre lo bello que fue, quedarse para irse.

Klaek Wiggin

De los diez a los veinte, diez

Esa es mi natura,

pura dura realidad,

sin censura.

De la verdad,

no hay marcha atrás,

no hay cura.

¡Suban! ¡Suban!,

¡Súbanse al tren de la locura!.

La magia de cuando eras niño,

camellos voladores,

sin miedo a los controles,

ratones roba piños.

Yo nunca quise ser poli,

siempre caco,

No dormía aterrorizado,

por si Claus fuera el hombre del saco.

Esos pequeños placeres,

como el : “¡Vas a iiiir!”,

para conseguir lo que quieres,

pasar de mujeres,

pero encandilar molestando a la más bella,

y lo mejor es que aunque estés más cerca,

te libras por la “Ley de la botella”.

Sencillo, fácil,

como elegir que ser de mayor,

en un cruce de cables,

No sé…

Solo digo que eran cosas razonables,

no como eso de que los reyes son los padres.

Tierra de fantasía,

en la que vivía,

sin preocupación…

vecina tierra de agonía,

a la que me unía,

un itsmo de protección.

Nada volvió a ser lo mismo,

desde que el itsmo se rompió,

pues me hice mayor,

y mi isla del tesoro,

de nunca jamás,

lentamente se alejó.

¡Jó!

Mas he de alegrarme,

ya que años mas tarde,

fue ella la que volvió.

Nada era lo mismo,

todo estaba diferente,

alguno de los dos cambió.

Comencé a explorar,

en la mente a bucear,

y un camino conocido se me apareció,

desde aquel momento decidí que podía estar,

en cualquiera de las dos,

y aprendí la filosofía del vivir mejor.

Klaek Wiggin

Meditaciones en el Águeda

Tumbao mirando, la inmensidad del cielo,

pensando en que he hecho, para ganarme tu te quiero,

dando brazadas, viendo por encima, las golondrinas, batiendo sus alas,

ojalá, pudiera volar, para ver, lo que Dios ve, desde aquel, su mas allá,

la corriente, pasando entre mis dedos,

miro a la gente, y sólo veo robots, que siguen la corriente, como R2D2,

fumando y dando gracias, por poder cerrar los ojos, y visitar galaxias, como en Stars Wars,

podria ser peor, ‘worse’, el oscuro podría ser mi padre, pero padre solo hay uno y es el sol,

como los juncos, fluyendo todos juntos, al mismo son,

poniéndole las comas y los puntos, a mi vida y mi canción,

mi madre es la tierra y yo soy su defensor.

Tratan de encarcelarme,

como culebra me retuerzo, en un intento por librarme,

de la opresión del mundo que me rodea,

solo quiero merodear, vivir en paz,

en rios, bosques, montañas y aire,

perdido,

buscando el sitio donde encontrarme,

dejad de querer cambiarme,

soy del mundo del amor y estoy bien aquí, no necesito que nadie me salve,

necesito que entre hermanos, nos queramos, pero no saben,

de que estoy hablando.

Tal vez, algun día me adapte al molde,

y tal vez, viva mejor donde,

sangre, es lo único que forma al hombre.

Mientras, elijo mi destino para que el futuro no me mienta,

y que mas da, si al molde no me adapto,

cuando la realidad de diferente forma siempre la capto,

soy yo quien me digo: No eres apto,

fuera con los árboles hablo, dentro, con el diablo pacto.

Mi mundo no es perfecto, no es exacto,

es caótico y precioso como un cuadro de Picasso.

Bajo el manto de estrellas me siento un soldado raso,

luchando por mi propia causa, pues a otra, no la haría caso,

sintiéndome tan pequeño, coño, como no voy a ver medio lleno el vaso.

¿Vas o vienes?

Sólo purulo por el bien de quiénes,

aman sin rehenes.

¿La dura realidad?

Una herida que supura pluralidad,

no tiene cura su majestad,

diversa como tempura para cenar,

vivo en infinitas estructuras, que me ayudan,

a soportar,

ir a su portal,

y besarla por tantas veces,

que se portó mal.

¡A tomar por culo!

Semanas semánticas,

de mi cuarto emanan cánticos,

tan sólo el calor desértico,

que derrita mi corazón ártico,

tendrá mi sincero beneplácito,

se lo haré como siempre, despacio y sin plásticos,

elástico y flexible, escribiendo bajo el flexo, églogas imposibles,

como Legolas, soy de otra época, fantástica, imprevisible.

Klaek Wiggin

Autognosis

Como una hoja,

bailo al son del viento,

si te piso los pies,

lo siento,

si te piso los sueños,

tormento.

La pestaña transformada en deseo,

me volvió al ojo con el tiempo,

lento.

La lluvia son agujas,

que te calan por dentro,

el frío que me congela,

tu rechazo, mi invierno,

tu abrazo que por mi vela,

primavera,

y despierto,

con el sol en la cara,

cegado,

con los ojos cerrados,

soñando aún con tu mirada,

oscura pero clara,

cargada,

segura, apasionada.

Abro los ojos y conecto con la luz,

que me guía a un nuevo mundo,

cuanto más ves,

mas profundo es,

ahogado de placer,

con gusto me hundo friend.

Cuanto más buceo,

mas siento que vuelo,

luego, más veo,

más te quiero,

hasta hacerme daño,

como amor de antaño,

me siento un abuelo,

me siento un extraño…

Océano yermo,

el sol eterno,

infinito caduco,

nuevos parajes,

con olor a viejo,

qué pensaba yo…

mi reflejo nunca supo,

aún no lo dejo,

no he cumplido el cupo,

por conocerte mucho me queda,

encontraré la manera, como sea,

a mi el fin no me pinta la última frontera.